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RELATO SOBRE MIS INICIOS EN LA ESCRITURA

Creo que todo empezó con mi curiosidad por las libretas y agendas. Cada vez que iba con mis papás a desayunar a Sanborn’s , recuerdo que me embobaba viendo todos los diarios y cuadernos que tenían ahí hasta que un día que cumplí siete años pedí que me regalaran uno. Era un diario muy chiquito y venía con una llavecita. Jimena, mi mejor amiga de aquella época, me explicó que todo lo que uno escribe ahí es secreto y por eso debe quedar resguardado con todo y candado. Me emocioné muchísimo y a partir de ahí escribí lo que se me ocurría. Así sin más. Por ejemplo, cada vez que me enojaba con mi hermana, el primero en saberlo era el diario. Además, era muy chistoso porque escribía en frente de toda mi familia recalcándoles que nunca podrían saber la información de ellos en el diario porque era ULTRASECRETO. Obviamente la única en enojarse era mi hermana porque a mis papás les valía un comino. Y así fui llenando páginas con cosas absurdas y chistosas. Disfrutaba mucho decidir ...

La noche que perdí 11 mil pesos

Era un día de lo más común: con poco dinero. Nunca me ha sobrado y siempre siento que no tengo. Aunque me den aumentos en el trabajo, soy muy mala para mi disciplina financiera y nunca logro administrarlo bien, pero ese día me comporté como si mi sueldo tuviera seis ceros de más. Fue un domingo por la noche. Sólo quería ir al súper para comprar la despensa de la semana porque estaba dispuesta a iniciar el régimen alimenticio clásico de los lunes. Pero estaba recién casada y me acababan de pagar la quincena. Era la coyuntura ideal para hacer estupideces por exceso de euforia. ¿Quién podría perder 11 mil pesos yendo al Superama? ¿Qué tentación se puede cruzar en el pasillo del atún o en la sección de las verduras? Por supuesto que ninguna. Fue el cúmulo de malas decisiones en el estacionamiento lo que hizo colapsar mi cartera. Aquel día, con la lista del mandado grabada en mi mente, sólo me urgía encontrar un lugar rápido para dejar el coche. Iba con mi esposo Antonio y no t...

Las 10 cosas que amo de mi perra. Nala.

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Se llama Nala. Es pastor alemán y es tierna. Tierna y loca. Nació hace seis años y desde entonces ha sido el miembro más querido por toda mi familia. Elegir 10 cosas de ella es fácil porque no debo hacer grandes esfuerzos mentales, pero también es difícil porque sé que dejaré fuera del texto otras mil maravillosas cosas geniales que ella hace. Pero este intento se lo debo a ella, a su gran fidelidad y amor. Sé que ella me entiende. Cuando le digo con per , ella se hace a un lado para que termine de servirle sus croquetas. Adoro que espere sentada en la cocina, con postura perfecta, con la esperanza de que algún samaritano de la familia le aviente una rebanada de jamón. Cuando se lame los bigotes después de comer caldo de pollo o de haber comido a hurtadillas la cena familiar. O también cuando todos en la calle creen que la Nala fue sometida a un entrenamiento porque es muy obediente. (Nunca ha ido y nunca lo hará). 5. Me pone feliz. Lo primero que veo cuando abro la pu...

Sí quiero escribir

Debo confesar que hace mucho no escribía porque prefería ver películas. Prefería ante todo ir a tomar un café o comer cualquier chuchería. Cuando pensaba en escribir, distraía a mi mente revisando Facebook , Instagram  o con pensamientos incoherentes sobre algo inexistente: el futuro. Debo confesar también que muchas veces prefería criticar blogs ajenos antes de siquiera escribir dos líneas. Pero ya no prefiero eso. Ahora quiero escribir, aunque me cause ansiedad el cursor parpadeante o la pantalla blanca. Tan blanca que marea. Quiero escribir porque me di cuenta después de leer mil blogs que las anécdotas y temas personales son realmente interesantes cuando son redactadas con sinceridad, la cual, desde mi punto de vista es la regla primordial para un buen texto. Así que éstas son mis líneas y éste es mi blog. ¿Faltan textos? Estoy de acuerdo. ¿Está vacío? Sin duda. ¿Hay mejores? Por supuesto. Pero hoy es un día de inicio para cambiar esto. ¿Tú tienes hoy algo que ...

Y qué?

Hace dos años, me gradué de la facultad. En ese entonces, me sentía muy segura. De estudiante, escribía todos los días de varios temas. Unos aburridos y otros muy divertidos. Creí, por gran error, que al iniciar a trabajar, escribiría mucho más y mejoraría. Reality bites!!! Ni escribo ni mejoro. Estoy en el hoyo de la creatividad. Sin embargo, en lo que no fallo es en criticar. Siempre que leo a alguien, lo primero que le encuentro son sus errores de redacción y de ortografía. Por supuesto, también hasta critico su falta de creatividad. Escribir es cuestión de práctica y por eso me decidí a abrir un blog. El problema fue que cada vez que le doy clic a "Nueva Entrada" me paralizo y termino cerrando todo. Voy en el carro y se me ocurren mil cosas para escribir, pero al abrir la lap y poner mis manos en el teclado, las ideas se me escapan. La verdad es que ya tengo miedo de escribir. No me había dado cuenta hasta que fui al periódico Milenio a visitar a mi novio. Lo veía al...

En sus zapatos

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Hace mucho que no escuchaba la canción de Shoes de Shania Twain. Es muy buena, pero lo mejor es lo que dice. Pone practicidad al dolor de cabeza de muchas: los hombres. Shoes  es acerca de una verdad que todas saben, pero nadie ha sabido cómo decir: los hombres son como los zapatos. Para comprobarlo, basta con revisar el closet y voltear a ver los zapatos. Resaltará la variedad: tacones, tennis, sandalias, flats, pantuflas, etc. De éstos, hay de muchos colores y texturas diferentes. Todos y cada uno son para ocasiones diferentes y para cierto vestuario. Así son los hombres. Gran parte de las veces, aunque lo neguemos, los zapatos reflejan el estado de ánimo. Cuando una se quiere ver elegante y llamar la atención, los tacones nunca fallan aunque lastimen y sean inaguantables; cuando una quiere caminar relajada y sin preocupaciones, lo mejor son unas sandalias o los tennis. ¿Qué tiene que ver esto con los hombres? Todo. Hay hombres, como los zapatos, que nos hacen sen...

Crónica de un melate

Martín asistió al cumpleaños número 50 de su mejor amigo. Todo fue diferente por primera vez porque nadie le quitó la vista de encima, y hasta se rieron de sus chistes. Por sorpresa, no se incomodó. Supo por qué lo veían y le agradaba esa sensación. Habían más de 40 personas en un espacio disponible para 20. La mayoría era del sexo masculino y todos, sin excepción, sostenían un vaso: el típico de diez onzas. Martín bebía cognac, pues él lo había comprado y regalado a su mejor amigo. A diferencia de todos, el vaso de Martín era el más lleno porque no paraba de hablar, y nadie lo quería callar. Estaban muy atentos a la anécdota que relataba. En 2008, con un léxico muy pobre, Martín, en la fiesta, verbalizaba, gesticulaba y platicaba qué se sentía vivir el sueño de varias personas: ganarse el Melate. ¿Qué pasaría si de la noche a la mañana nos ganáramos 22 millones de pesos? Cualquiera pensaría que la felicidad vendría inmediatamente, pero en la cabeza de Martín ya sólo hay cuentas: cin...